Recorriendo la ciudad de Copacabana,Bolivia, nos encontramos con un bello lugar: la Basílica de nuestra señora de Copacabana.
Un movimiento inusual de personas se estaban congregando en los alrededores de la iglesia, pero principalmente decenas coches, que se iban acomodando uno detrás de otro formando una larga fila
De pronto vi con asombro en la puerta de la iglesia, al cura de sotana negra y calzado deportivo all star. Era domingo de bautismo y el padre procedía a santiguar cada vehículo. Venían de todas partes, principalmente de La Paz. Pronunciaba un sermón y acto seguido, embebía unas rosas en champagne con las que rociaba el parabrisas y el techo. Los coches regresaban a su hogar bendecidos por el señor.

Al atardecer y de regreso al centro, en la plaza principal del pueblo algo estaba sucediendo. Cientos de personas rodeaban la plaza y no podía ver lo que estaba pasando. Hasta que escucho con un megáfono que jóvenes disfrazados de payasos invitaban a la gente al espectáculo que estaba a punto de comenzar. Malabaristas, magos y acróbatas; derramaban color y alegría a los niños que se acercaban por decenas. Era una fiesta de música, destrezas y torpezas de los payasos que hacían reír a los pueblerinos. Al terminar el show, los jóvenes argentinos pasaron la gorra para recaudar monedas y continuar su viaje.
Había llegado la hora de cenar y nos sentamos en unos típicos carros, con ruedas de bicicleta, dónde cocinaban y servían arroz con pescado frito.